lunes, 16 de junio de 2014

La educación perfecta

Cientos de millones de euros en teoría destinados a cursos de formación, salidos en su mayoría de las cuotas pagadas a la Seguridad Social por trabajadores y empresas, están siendo robados desde hace décadas. Así, en voz pasiva y sin sujeto agente lo digo, para ahorrarme la lista de sinvergüenzas patronales, sindicales e institucionales que la engrosan. La estafa consiste en recibir dinero por cursos que no existen, impartidos a alumnos también desprovistos de entidad, DNI, columna vertebral, constantes vitales y demás accesorios que suelen suponerse cuando uno piensa en un estudiante de los de toda la vida. Me doy cuenta de que mis conocimientos pedagógicos están anticuados, y que me aferro a esquemas obsoletos, poco flexibles, inadaptados para estos tiempos, porque a veces he creído en la necesidad de la existencia (no necesariamente la presencia física) del elemento alumno, en el asunto éste de la educación.
Mi experiencia como educador me había enseñado ya que el papel del profesor es prescindible. Según el esquema aprendido de mis superiores, los elementos verdaderamente importantes en todo proceso educativo son el alumno, como sujeto activo, el administrador, tesorero o furrier de la institución educativa, en su papel recaudador, una buena red informática con terminales que sean lo último en tecnología, y un buen aire acondicionado.
Por eso, aplaudo ahora a los múltiples responsables de la estafa de los cursos de formación, porque lo importante no es que se hayan llevado millones del dinero público. Lo relevante es que han dado un paso adelante, hacia el futuro de la educación, marcando con ello un hito: no más alumnos de carne y hueso, ni en persona ni a distancia, ni presencial ni online, con sus particularidades, manías, y olores corporales. A partir de ahora, las instituciones educativas deberían tomar nota, y optimizar sus recursos. Nada de gastos salariales para personal docente, ni servicios en el cole por si alguno tiene pipí. Al conserje, aconsejamos dejarle en su puesto, para que reciba el correo y airee de vez en cuando las aulas.

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