jueves, 26 de junio de 2014

Políticos sin tiempo para sus cosas

Sorprende que un país con tantísimos cargos políticos, los responsables de éstos anden tan, pero que tan atareados que no tienen tiempo para ocuparse de sus cosas. Lo digo porque, en vez de explotar a nuestros políticos como despiadadamente estamos haciendo, tendríamos que descargarles de trabajo, y permitir que dispongan de un ratito para cuidar de sus finanzas. Si no, pasa lo que pasa, que hasta los más honrados de entre ellos van por el mundo sin saber que les ingresan varios miles sin su consentimiento, o que les apuntan a un plan de pensiones en Luxemburgo, o que les invierten los dineros en negocios sucios.
Servidor, cuando llegó a ganar la astronómica cifra de casi 1.500 al mes (mileurista y medio, ahí es nada), siempre tuvo un ratito para mirar la libreta de la Caja, no fuera a ser que el pellizco que a veces sobraba a fin de mes acabara criando cuernos y rabo, o financiando revoluciones o cosas peores. Sólo pido un poquito de igualdad, de ésa que tanto se predica, y que nuestros políticos dispongan de tiempo para sus cosas. Todo el que quieran, que ya los honrados nos encargaremos de la política.

domingo, 22 de junio de 2014

Cárceles vacías

Hay en España ahora mismo seis cárceles nuevecitas, que han costado 1.100 millones de euros, y que están sin estrenar, vacías y con el precinto todavía puesto. Además, mantenerlas cuesta otro dineral porque se van deteriorando con el paso del tiempo.Y más estando así, mustias y solas, sin el alegre sonido de los presos jugando a sus cosas en el patio.
Desde aquí propongo una iniciativa para que algunos de nuestros queridos políticos, en un gesto de arrojo y patriotismo, solucionen voluntariamente el problema, inaugurando estas penitenciarías, y quedándose a vivir en ellas una temporada, lo que se tarde en amortizar el gasto.

lunes, 16 de junio de 2014

La educación perfecta

Cientos de millones de euros en teoría destinados a cursos de formación, salidos en su mayoría de las cuotas pagadas a la Seguridad Social por trabajadores y empresas, están siendo robados desde hace décadas. Así, en voz pasiva y sin sujeto agente lo digo, para ahorrarme la lista de sinvergüenzas patronales, sindicales e institucionales que la engrosan. La estafa consiste en recibir dinero por cursos que no existen, impartidos a alumnos también desprovistos de entidad, DNI, columna vertebral, constantes vitales y demás accesorios que suelen suponerse cuando uno piensa en un estudiante de los de toda la vida. Me doy cuenta de que mis conocimientos pedagógicos están anticuados, y que me aferro a esquemas obsoletos, poco flexibles, inadaptados para estos tiempos, porque a veces he creído en la necesidad de la existencia (no necesariamente la presencia física) del elemento alumno, en el asunto éste de la educación.
Mi experiencia como educador me había enseñado ya que el papel del profesor es prescindible. Según el esquema aprendido de mis superiores, los elementos verdaderamente importantes en todo proceso educativo son el alumno, como sujeto activo, el administrador, tesorero o furrier de la institución educativa, en su papel recaudador, una buena red informática con terminales que sean lo último en tecnología, y un buen aire acondicionado.
Por eso, aplaudo ahora a los múltiples responsables de la estafa de los cursos de formación, porque lo importante no es que se hayan llevado millones del dinero público. Lo relevante es que han dado un paso adelante, hacia el futuro de la educación, marcando con ello un hito: no más alumnos de carne y hueso, ni en persona ni a distancia, ni presencial ni online, con sus particularidades, manías, y olores corporales. A partir de ahora, las instituciones educativas deberían tomar nota, y optimizar sus recursos. Nada de gastos salariales para personal docente, ni servicios en el cole por si alguno tiene pipí. Al conserje, aconsejamos dejarle en su puesto, para que reciba el correo y airee de vez en cuando las aulas.

lunes, 9 de junio de 2014

Cebrián, Cicerón y los lemmings

Escribe Juan Luis Cebrián hoy en su editorial de El País que intentar acabar con la presente edición de la monarquía borbónica hispana sería un "suicidio colectivo", y me he sentido medio lemming, medio numantino. Estoy en completo desacuerdo con el miedo del académico. Pero lo comprendo perfectamente. Servidor, que tenía 5 años cuando murió Franco, no ha luchado ni sufrido por la libertad. Tampoco soy académico, pero puedo entender que muchos de mis mayores (y mejores) tengan pavor a un cambio del status quo. Sobre todo se entiende en miembros de instituciones que, después de todo, son Reales, como la Academia de la Lengua.
En su editorial, Cebrián cita a Cicerón (Pro domo sua, escrito por el abogado latino a ver si le devolvían la casa, como un deshauciado moderno) lo que no es de extrañar en alguien de su valía intelectual. Pero es significativo que lo haga en un texto dirigido a la opinión pública española, o al menos a los lectores del periódico más importante del país. Resulta halagador comprobar que Cebrián supoone a los españoles lo suficientemente capacitados para entender una referencia al pleito que tuvo el de los garbanzos (con todo el respeto que me suscitan la legumbre y el orador romano) con un mangante de nombre Clodio, hace dos milenios y varias décadas. Pero no entiendo cómo una sociedad tan apta que las caza al vuelo, aunque estén en latín, estaría al borde del suicidio si pretendiera sacudirse el yugo (constitucional, pero yugo) de la tutela de un miembro de la casa Borbón. Y hablando de casas, me permito retomar el pro domo suo ciceroniano para señalar que siempre serán los miembros de familias reales quienes más y con más ahínco practiquen el "tú barre para adentro, que así se medra". 

domingo, 8 de junio de 2014

De gobernarse con gestorías

Andar cobrando los recibos de la comunidad era un coñazo. Bregar con la empresa de limpieza, llamar para que viniera alguien a arreglar el telefonillo, asegurarse de que el ascensor había sido revisado, rendir cuentas en cada reunión de vecinos, llamarle la atención a la del ático...Una lata, y sin gracia alguna, no como en las series de televisión. Y todos tenían una vida, un trabajo, una familia, un subsidio de desempleo, lumbalgias o cosas mucho peores. Suficiente como para encima tener que lidiar con todo aquéllo, aunque fuese una vez cada varios años.
Así que hicieron lo lógico, moderno e inteligente, y contrataron los servicios de una gestoría. Nada de aficionados a regañadientes y por turnos. Mejor con unos señores que fueran profesionales, que cobrasen su dinero y que, en vez de convocar reuniones interminables, enviaran una hoja Excel con el balance de la cartilla, y a vivir que son tres días.
El gestor, claro, vivía lejos, en un chalé con piscina y pista de pádel. Aparcar en el centro era casi imposible, así que nunca puso el pie en la finca. A lo mejor por eso dolió menos en la comunidad cuando llegó aviso de la Caja de Ahorros, informándoles del pufo que el gestor había dejado antes de quitarse de enmedio.
Contrataron a otro profesional del ramo, que acabó por llevarse ramo y novia. Siguieron varios, cada cual con mejor chalet y coche más potente, grande y difícil de aparcar. Luego el ascensor se estropeó definitivamente. La Caja de Ahorros procedió a embargarles el cuarto de contadores, y cuando fueron a reclamar supieron que el director de la sucursal era cuñado del penúltimo gestor. El del séptimo, harto de pagar sus cuotas religiosamente y aun así tener que bufar con la compra escaleras arriba, dijo que hasta aquí hemos llegado, y se secesionó por las buenas.
Pero el otro día, en el zaguán, coincidieron varios vecinos (alquilados y propietarios) y estuvieron hablando. Ya veremos qué sale de ahí. El director de la Caja, que es la entidad gestora en estos momentos, ha buzoneado una circular donde dice que los dichos vecinos (los alquilados, los otros no) son unos agitadores y unos ilusos, y asegura que los cabecillas han sido sorprendidos varias veces picando el telefonillo y echando a correr, como los gamberros del bloque de al lado, que son de lo peorcito.

martes, 3 de junio de 2014

Y ahora, ?por qué no?

A principios del XIX no, porque no estaba España preparada para una reforma liberal, así que más que caída, lo que sufrió el Antiguo Régimen por aquí fue un episodio alérgico. Los medios y los finales de aquel castizo siglo tampoco dieron mucho de sí, y en el XX se le pasó a España el arroz porque, según algunos (en su mayoría armados), el país no estaba maduro para libertades. A finales ya, llegó la democracia, pero tutelada, porque aparentemente todavía no estábamos en edad de merecer.
Pongamos que sí, que a España como sociedad o conjunto de ellas, le ha durado más de lo normal la edad del pavo. Pero ahora, me pregunto cuál será la excusa. Dedicado a todos los que cantan himnos en loor de la sagrada continuidad, para que esta jovenzuela alocada e ibérica "teenager" no caiga en el abismo.

lunes, 2 de junio de 2014

No quiero ser súbdito, quiero ser ciudadano

Personalmente, me gustaría creer que si se convocara un referéndum, la mayoría de ciudadanos dirían no al Felipe VI que se nos viene encima. Pero no me lo creo. Estoy convencido de que ganaría el sí a la sucesión dinástica. Pero, aunque sólo sea por guardar las formas, me gustaría poder votar, y expresar mi opinión, y decir que no quiero ser súbdito de ningún rey, que no quiero que el jefe del estado al que pertenezco lo sea porque un antepasado suyo era dueño de esta o aquella región de Francia.
Sé que ganaría el sí, y que un referéndum no haría sino reforzar la legitimidad del próximo Borbón, dándole cuerda al mecanismo para otros cuarenta años. Pero a veces las formas sí son importantes.