Anteanoche, don Juan Rosell se tomó el Colacao que le sirvió su fiel ayuda de cámara y, enfundado en un fresco pijama de suave tersura emprendedora, se acostó en paz y armonía. No sabía el ilustrísimo presidente de la CEOE que su otrora fiel empleado, tras haber sido amordazado y drogado por agentes subversivos a sueldo de Pablo Iglesias, se desesperaba en el sótano mientras el propio bolchevique de coleta mezclaba en el tazón de Rosell una poderosa y misteriosa droga, elaborada en Venezuela con dinero donado por ETA: la terrorífica "perroflautina".
Las pesadillas que atormentaron al preclaro empresario fueron terribles, y duraron toda la noche. Soñó que su familia no era una de las más poderosas y ricas de Cataluña, que era joven otra vez y que tenía que estudiar y trabajar para asegurarse un futuro, que terminaba casado con una peluquera de barrio y que sus hijos instalaban cuartos de baño, en vez de presidir empresas. Soñó que una fusión maltrecha y dos deslocalizaciones más tarde, se veía en el paro, haciendo cola y pensando en si el casero tendría a bien bajarle un poco el alquiler.
Por suerte, Juan Rosell es un hombre fuerte de espíritu (no de otra forma se alcanza lo que él ha logrado), así que luchó contra la maligna influencia de la "perroflautina", se levantó como una rosa, deshizo el complot antisistema, despachó con tres silogismos al impostor neo-bolchevique (que desapareció dejando una nube de azufre), se desayunó un colacao de los de verdad, y se fue a dar una conferencia en la FAES. Dicen los asistentes que, cuando terminó su intervención, un coro de querubines inversores descendió sobre él, entonando salmos bancarios. A la salida del acto, una comisión de amas y amos de casa pasasitarios le hicieron entrega de una placa conmemorativa y le agradecieron el apoyo mostrado.
miércoles, 2 de julio de 2014
Juan Rosell y la "perroflautina"
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