El presidente de Telefónica (vate) vaticina que el desempleo bajará en 4 añitos del 26 al 14%, siempre y cuando se haga lo debido, que es precisamente lo que él sugiere que se haga. Don César nunca ha estado en paro, lo que parecería otorgarle credibilidad al respecto. Y es que Alierta, vástago de alcalde con cromosomas de alta burguesía, entiende mucho de esto. Será porque dispone de información privilegiada, como la tuvo en su momento, cuando se hizo con millones (junto a su esposa e hijo) valiéndose de su posición de privilegio y su cercanía al poder. Luego fue hallado culpable de ello, pero para entonces su estafa ya había prescrito, gracias a Nuestra Señora del delito antiguo, de la que parece ser beato.
Para reducir la tasa de desempleo, lo que Alierta propone es "formación para los jóvenes", la casposa receta de contratar por el precio de un bocadillo unos miles de recién titulados, y a tirar del carro a bajo coste. Emociona saber cómo un señor de familia tan de bien se preocupa así por la chusma parada. Lo que no sé es si tal preocupación es pura filantropía, o si se trata de miedo al "populismo", porque Alierta pasa de arreglar el paro a golpes de porcentaje galáctico, a advertir de que a los susodichos se les combate con crecimiento económico. Dadles un chusco de pan a las masas, y ellos solos se olvidarán de pedir tonterías, caprichos o responsabilidades. Y si no hay pan que valga, porque la masa ya está muy fermentada, pues les damos un teléfono de última generación, de bonito diseño y con contrato, para que se hagan fieles y se dejen de veleidades.
sábado, 31 de mayo de 2014
César Alierta sí que sabe
viernes, 30 de mayo de 2014
La siesta y la democracia
Criar en persona y a mano a los hijos es un trabajo artesanal. Además, es incompatible con la siesta. La patronal del sector no negocia, y es tremendamente tirana. A lo más que puede aspirar el trabajador es a una cabezadita a destiempo, en cuanto el patrono se termina el biberón de media mañana. Más tarde, ya crecidos, ni el dirigente sindical más avezado es capaz de convencerles de que a las 4 de la tarde en agosto hay que dormir la siesta, en vez de ir al parque. Desconozco la normativa europea al respecto, pero seguro que en Bruselas son conscientes del problema, y de su difícil, si no imposible solución.
Lo único que nos queda es aguantarnos, y abandonar toda esperanza: para cuando recuperemos el derecho a la siesta, ya estaremos mayores, y quizá insomnes crónicos.
Cuidar de la democracia es diferente. No necesita que se le cambien los pañales, como lo está necesitando ahora la española, a pesar de que ya no es tan joven (pero es que este olor no hay quien lo soporte) Tampoco hay que llevarla al parque infantil (es más, a la democracia habría que impedirle que se columpiara, que luego coge inercia y pararla en seco se hace peligroso). Pero lo que sí necesita la democracia es que renunciemos a la siesta, por muy sana, mediterránea, tradicional y maravillosa que sea. Porque si uno se duerme, los niños pueden hacer cualquier trastada. Los mayores, sobre todo los corruptos, ni te cuento.